El embrujo verde

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La iglesia, a pesar de tener sus detractores y defensores, ha sido un gran impulsor del arte en todas sus vertientes (arquitectónicas, pictóricas y escultóricas). Se les puede considerar como los “mecenas” que, a causa de querer difundir la religión a través del arte entre otras vías, han ayudado a que éste explorara nuevos campos, perspectivas, superficies y simbología.

En el mundo de la joyería podemos decir que a lo largo de la historia sería realeza y nobleza a la que se consideraría como los principales impulsores. Al igual que en la religión, los reyes se engalanaban con sus mejores prendas y sus más distinguidas joyas para demostrar su estatus y poder.

Retrato de Katharina Henckel Von Donnersmarck

 

Es por ello que, una vez más venimos a hablaros de una pieza que perteneció a una gran familia. Se trata de la tiara de la princesa Katharina Henckel Von Donnersmarck. Esta pieza es conocida como “el embrujo verde” por sus enormes esmeraldas. Katharina recibió la tiara de su marido, Guido Henckel Von Donnersmarck; miembro de la segunda familia alemana más rica de todo el país para finales del siglo XIX. Era una mujer que, como todas las de la época, le encantaba el lujo y las joyas. Tras la muerte de Katharina, la pieza quedó en el olvido hasta que, finalmente, en 1979 la familia decidió venderla.

No ha sido hasta 2011 cuando la casa de pujas Sothebys la vendió a un norteamericano anónimo por un valor de 12,7 millones de dólares (unos 9 millones de euros), convirtiendo esta pieza en la tiara más cara del mundo, además de ser catalogada como la pieza más importante que existe fuera de las casas reales, colecciones estatales y museos.

La tiara destaca por sus por once majestuosos diamantes talla brillante, esmeraldas colombianas en forma de pera (las cuales se dicen que pertenecieron al joyero personal de la emperatriz Eugenia, esposa de Napoleón) y diamantes rosas. Todo ello suma un total de más de 500 quilates.

Tiara de Katharina

 

Está claro que hablamos de una obra única en su especie, pero lo que más nos llama la atención es el tamaño y color de sus esmeraldas. Estas esmeraldas son de origen colombiano, lugar donde, gracias a las condiciones de subsuelo, hace que sean más brillantes, duraderas y con mayor pureza. A pesar de su origen, su perforado y pulido se realizó en la india.

Esmeraldas utilizadas en la tiara de Katharina

 

Una pieza que nos cautiva y nos deja perplejos ante su maestría en la distribución y ejecución de todos sus elementos.

 

Portada y edición fotográfica: © El sastre del diamante

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